miércoles, 13 de febrero de 2008

El Secreto de la Felicidad

Cierto mercader envió a su hijo con el mas sabio de todos los hombres para que aprendiera el Secreto de la Felicidad. El joven llegó a un hermoso castillo donde vivía el Sabio.
Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre santo, entró en una sala y vio una actividad inmensa; mercaderes que entraban y salían, personas conversando, una orquesta tocando suaves melodias y una mesa repleta de deliciosos manjares. El joven esperó para que le atendiera el Sabio, éste escuchó atentamente el motivo de su visita pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo para explicarle el Secreto de la Felicidad. Le sugirió que diese un paseo por el palacio y volviera a las dos horas y le pidió un favor, entregándole un cucharilla de té en la que puso dos gotas de aceite: "Mientras camines lleva esta cucharilla y cuida que el aceite no se derrame".
El joven empezó a subir y bajar escalinatas por el palacio manteniendo los ojos fijos en la cuchara y regresó pasadas las dos horas.
¿Que tal? preguntó el Sabio. ¿Viste los tapices de Persia que hay en mi comedor? ¿Viste el jardín que se tardó diez años en crear? ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca?. Y el joven avergonzado confesó que no había visto nada por la preocupación de no derramar las gotas de aceite. Pués entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo, le dijo el Sabio.
El joven volvió a coger la cuchara y paseó por el palacio, esta vez mirando con atención todas las obras de arte, los jardines, las flores, el esmero con que todo estaba colocado en su lugar. De regreso a la presencia del Sabio, le relató detalladamente lo que había visto. ¿Pero dónde están las gotas de aceite que te confié? preguntó el Sabio. El joven miró la cuchara y se dió cuenta que las había derramado.
Este es el consejo que le dió el Sabio: "El Secreto de la Felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo, pero sin olvidarse nunca de las gotas de aceite en la cuchara."

jueves, 24 de enero de 2008

La leyenda de Narciso


Narciso era un hermoso joven que todos los días iba a contemplar su propia belleza en un lago. Estaba tan fascinado consigo mismo que un día se cayó dentro del lago y se murió ahogado. En el lugar donde cayó nació una flor, a la que llamaron narciso.


Oscar Wilde acabó la historia de otra manera:
Cuando Narciso murió, llegaron las Oréades –diosas del bosque- y vieron el lago transformado, de un agua dulce que era, en un cántaro de lágrimas saladas.
¿Por qué lloras? Le preguntaron las Oréades.
Lloro por Narciso. Respondió el lago.
Ah! No nos asombra que llores por Narciso. Al fin y al cabo, a pesar de que nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.
¿Pero Narciso era bello? Preguntó el lago.
¿Quién sino tu podría saberlo? –respondieron las Oréades-. En definitiva, era en tus márgenes donde él se inclinaba para contemplarse todos los días.
El lago permaneció en silencio unos instantes. Finalmente dijo:
Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que Narciso era bello.
“Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, reflejada mi propia belleza."

Oscar Wilde siempre tan ingenioso.

lunes, 7 de enero de 2008

Los Reyes Majos

Que lejos quedan aquellos primeros Reyes Magos que yo recuerdo, los que me trajeron una muñeca pepona, que aun hoy conservo. Que lejos quedan, no tanto en el tiempo, como en la forma en la que se celebran actualmente.
Aquella muñeca que cuidé como si fuera un niño de verdad, que jugabamos con ella solo en ocasiones especiales, porqué si se rompia no iban a traerme otra al año siguiente.
Según cumpliamos años los regalos eran cada vez mas útiles y ya no tanto juguetes, lapices de colores "Alpino" con puntas tan afiladas que daba pena usarlos, pués ya nunca conseguías afilarlos igual, estuches con lapiz, boli, regla, etc., alguna cartera para el cole, todavía no se usaba mochila, la mandarina de caramelo y la serpiente de mazapán eran unos clásicos, pero siempre recibidos con ilusión.
Hoy en dia no digo que los niños no tengan ilusión, tienen y mucha, pero no valoran los regalos, tienen tantos y tan variados que al final del dia todavía queda alguno que no han abierto. Ahora los Reyes llegan a tu casa, a la de los abuelos por partida doble, a casa de los tios, en fin, muchas casas para pocos niños. (Nosotros eramos muchos niños y una casa)
Lo que si necesitan es una casa muy grande para que quepa todo, porque lo que yo vi ayer a mis sobrinos fué terrible, había moto, carro de limpieza, muñecas, payasos... hasta un paquete grande que dijeron que era para el que está a punto de nacer, no me lo podía creer.
Hemos llegado a un consumismo tal que me da pena y creo que me voy a dar de baja en esto de los Reyes tan "majos" pero tan desvirtuados, al menos hasta que llegen mis nietos, si es que llegan, y pobablemente haré lo mismo. Espero controlarme.